El rapto de Helena

La marcha de Helena de Esparta a Troya cuenta con dos fuentes literarias hasta cierto punto opuestas. Homero, en la Ilíada, muestra las reticencias de Helena a abandonar a Menelao y sugiere su rapto por París; Dictys Cretensis, en sus Ephemeris belli troiani (s. IV. A.C), muestra sin embargo a Helena enamorada marchando por voluntad propia. Ambas versiones encontraron acomodo en la pintura italiana del siglo XVI. La marcha voluntaria fue representada por Giulio Romano en la Sala di Troia del Palazzo Ducale de Mantua en 1538-39, mientras el rapto fue plasmado por Rafael en un fresco para el Palazzo Capodiferro (hoy Palazzo Spada) en Roma, grabado por Marcoantonio Raimondi, y reproducido en un dibujo de Schiavone. Tintoretto siguió a Schiavone y Raimondi al situar la escena en el momento en que Helena es conducida a una nave mientras en tierra se libra un cruento combate. Se distanció sin embargo de ellos al ambientar el episodio como una batalla entre turcos y cristianos, alentado por la proliferación de imágenes de esta naturaleza tras la batalla de Lepanto (1571), habiéndose querido ver en Helena una alegoría de la propia Venecia.

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El rapto de Helena, de Tintoretto. Museo del Prado.

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